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La miel de encina es uno de los tipos de miel más singulares y valorados por los amantes de los sabores profundos y por quienes buscan productos apícolas con alto valor nutricional. Oscura, densa y con un sabor que recuerda a la malta y al bosque húmedo, esta miel no procede del néctar de las flores, sino de la mielada que generan insectos como los pulgones al alimentarse de la savia de la encina (Quercus ilex).
Recolectada durante los meses de septiembre y octubre en zonas montañosas por encima de los 900 metros de altitud, la miel de encina es el resultado del trabajo de las abejas en un entorno forestal puro y rico en biodiversidad. Su perfil sensorial y composición química la hacen destacar frente a otras mieles, tanto por sus usos gastronómicos como por sus beneficios para la salud.
A diferencia de las mieles florales tradicionales, la miel de encina es un mielato, es decir, no proviene del néctar sino de sustancias azucaradas que segregan ciertos insectos al alimentarse de árboles como la encina o el roble. Las abejas recolectan esta mielada y la transforman en una miel oscura, muy rica en minerales y con unas propiedades antioxidantes y balsámicas destacables.
Esta forma de obtención confiere a la miel de encina un perfil diferente: menos dulce, más compleja en boca, con notas terrosas, amaderadas y un regusto persistente que recuerda al caramelo tostado y a la malta.
Color: Muy oscuro, casi negro en estado líquido. Al cristalizar, adquiere un tono marrón muy intenso.
Aroma: Profundo, resinoso y con notas que recuerdan al bosque otoñal.
Sabor: Típico de la miel de encina, con matices malteados, poco dulzor y un ligero amargor que la equilibra.
Cristalización: Muy lenta. Cuando cristaliza, forma una masa espesa, de grano fino y homogéneo.
Esta miel está especialmente indicada para quienes disfrutan de sabores intensos y auténticos. Es ideal para tomar sola, combinar con alimentos salados o utilizar como ingrediente en cocina de autor.
La miel de encina es apreciada no solo por su sabor, sino también por su alto valor biológico. Su riqueza en minerales y oligoelementos la convierte en un complemento perfecto para la dieta, especialmente en épocas de mayor desgaste físico o durante el invierno. Algunas de sus propiedades más destacadas son:
Alto contenido en minerales: hierro, calcio, magnesio, fósforo y potasio, entre otros.
Riqueza en antioxidantes naturales, que combaten el estrés oxidativo celular.
Propiedades balsámicas, ideales para suavizar la garganta y calmar la tos.
Elevado contenido en enzimas activas, siempre que no se someta a sobrecalentamiento.
Bajo índice glucémico, gracias a su menor proporción de glucosa frente a otras mieles.
Estas cualidades convierten a la miel de encina en una excelente opción para personas activas, deportistas, personas mayores, o cualquier persona que quiera mejorar su dieta con un producto natural, sin procesar y cargado de beneficios.
Su sabor potente y poco dulce permite muchas combinaciones:
Con quesos curados o azules: el contraste es espectacular.
Como acompañamiento de carnes asadas o platos de caza.
En panes artesanales, bizcochos integrales o galletas con frutos secos.
Para endulzar infusiones de invierno, sin ocultar el sabor original.
Tomada sola, una cucharada al día en ayunas es un excelente reconstituyente natural.
La miel de encina también se usa tradicionalmente como remedio para la afonía, el dolor de garganta y como refuerzo inmunológico en épocas de frío.
Esta miel se recolecta de forma artesanal en zonas de montaña alejadas de la agricultura intensiva y la contaminación. Las colmenas están ubicadas en entornos donde las encinas crecen de forma natural, en ecosistemas bien conservados por encima de los 900 metros.
El proceso de extracción se realiza en frío, sin pasteurización ni tratamientos térmicos que puedan alterar las propiedades del producto. Por eso, la miel de encina que ofrecemos conserva todo su potencial: enzimas, vitaminas, aroma y sabor.
Cada frasco está envasado en vidrio reciclable, con tapa metálica de seguridad, y forma parte de nuestro compromiso con la apicultura sostenible, el bienestar de las abejas y la conservación del entorno.
Si buscas una miel diferente, compleja, intensa y con grandes beneficios, la miel de encina es una elección perfecta. Desde tiempos antiguos ha sido valorada por sus cualidades medicinales y por su sabor rotundo. Hoy, sigue siendo una de las mieles más buscadas por quienes quieren volver a lo natural, sin renunciar al placer de un alimento único.
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Miel de encina pura, recolectada en septiembre y octubre en bosques por encima de los 900 m. Oscura, densa y de sabor malteado, rica en minerales, enzimas y con propiedades balsámicas naturales. Ideal para quienes buscan una miel intensa y con alto valor nutricional.