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La miel de alfalfa es una de las grandes desconocidas para el público general, pero un auténtico tesoro para los amantes de los sabores intensos y para quienes buscan una miel funcional en la cocina. Con un color ámbar claro a extraluminoso, un sabor fuerte y una cristalización particular, esta miel es perfecta para repostería, elaboración de turrones o simplemente para los que disfrutan de una miel que «raspa la garganta».
Nuestra miel de alfalfa 550 gr se recolecta entre los meses de julio y septiembre en zonas de regadío de la depresión del Ebro, donde las colmenas aprovechan la abundante floración de la alfalfa (Medicago sativa), una planta leguminosa de alto interés agrícola y melífero. El resultado es una miel clara, muy aromática y con una personalidad marcada.
A diferencia de otras mieles más suaves o florales, la miel de alfalfa presenta un perfil sensorial contundente. Se caracteriza por su olor bastante intenso, un sabor fuerte que puede raspar la garganta y una curiosa cualidad: produce sed tras su consumo, lo que evidencia su riqueza en compuestos activos.
Estas cualidades la convierten en una miel muy apreciada por quienes buscan un producto con presencia, ideal para incorporar en alimentos sólidos o recetas que requieran mantener estructura y textura sin exceso de humedad.
Color: Ámbar claro a extraclaro cuando está líquida; en su forma cristalizada adquiere un tono marrón anaranjado.
Aroma: Bastante intenso, especialmente en estado líquido.
Sabor: Fuerte, con sensación ligeramente áspera en garganta, típico de la miel de alfalfa.
Cristalización: Se produce en otoño, formando una masa densa, dura y con cristales gruesos.
Esta cristalización característica la hace ideal para utilizarla en pastelería tradicional, bizcochos, turrones o masas que requieren una miel con cuerpo. Al mismo tiempo, su perfil aromático combina muy bien con bebidas como leche caliente o ciertos licores, aunque puede enturbiar infusiones y enmascarar sabores más delicados.
Las colmenas de donde procede nuestra miel de alfalfa 550 gr están situadas en zonas agrícolas de regadío de la cuenca del Ebro, donde se cultiva extensamente la alfalfa para forraje. En este entorno, durante los meses de verano, la floración es tan abundante que permite una recolección monofloral, ofreciendo una miel relativamente homogénea, sin mezclas significativas con otras floraciones.
La miel de alfalfa es típica de estas regiones, donde la interacción entre agricultura y apicultura permite aprovechar al máximo los recursos florales sin comprometer la calidad del producto final. Su color claro y su rápida cristalización son señales de una miel de origen vegetal concreto y bien definido.
Aunque es menos conocida que otras mieles como la de azahar o romero, la miel de alfalfa ofrece un interesante perfil nutricional y beneficios funcionales:
Rica en glucosa y fructosa, proporciona una fuente de energía rápida y sostenida.
Contiene enzimas activas y compuestos antioxidantes naturales, siempre que no se someta a tratamientos térmicos.
Su composición ayuda a preservar la textura en masas sólidas y postres.
Tiene efecto expectorante suave y puede ser útil para calmar la garganta (aunque en menor medida que mieles balsámicas).
Además, gracias a su aroma y sabor potentes, es una excelente opción para personas que buscan una miel menos neutra, más marcada, que no pase desapercibida ni en boca ni en cocina.
Repostería casera y profesional: ideal para bizcochos, galletas, panes de miel, turrones artesanales.
Bebidas calientes: perfecta para leche caliente, café con miel, o incluso combinada con licores de hierbas.
Maridajes potentes: puede acompañar quesos curados o aportar contraste a carnes blancas.
Cucharada directa: para quienes aprecian los sabores potentes en crudo, o como aporte energético natural.
Ten en cuenta que, por su fuerza aromática, no se recomienda para infusiones delicadas como manzanilla o té verde, ya que puede ocultar sus matices.
Nuestra miel de alfalfa 550 gr se presenta en tarro de cristal reciclable, con tapa metálica de seguridad. No ha sido pasteurizada ni sometida a procesos de calentamiento que alteren sus propiedades. Esto garantiza que mantiene su riqueza en enzimas, su capacidad cristalizante y todo su sabor natural.
Al cristalizar en otoño, recomendamos conservarla en un lugar fresco y seco. Si se desea volver a su estado líquido, puede calentarse al baño maría a baja temperatura, evitando superar los 40 °C para no destruir sus enzimas.
La miel de alfalfa es una de las grandes aliadas para la cocina artesanal, por su textura, su potencia y su carácter. Si estás buscando una miel diferente, con un sabor intenso y perfecta para repostería y recetas sólidas, esta es tu opción ideal.
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Miel de alfalfa recolectada entre julio y septiembre en las zonas de regadío de la depresión del Ebro. Ámbar claro, sabor intenso y textura ideal para repostería, turrones o bebidas como leche y licores. Cristaliza en otoño con grano grueso y color anaranjado.